Por qué la asistencia social y el trabajo van de la mano

Para comprender por qué los programas de asistencia social son populares políticamente, hay que analizar el propio concepto. Asistencia. Social. “Asistencia social” parece contribuir a algo que hace que nuestra sociedad sea más saludable, más feliz y más justa. Algo inherentemente moral y que merece un respaldo incondicional. Durante décadas, los defensores de la asistencia social han utilizado este significado para proteger los programas de asistencia social de la posibilidad de cualquier reforma.

Pero cuando llegue enero, los republicanos controlarán la Casa Blanca y ambas cámaras del Congreso, y tienen importantes planes para reformar el sistema de asistencia social. Es un verdadero Día D republicano en la guerra contra la pobreza. Etiquetado durante demasiado tiempo (aunque a veces justamente) como falto de interés por los americanos pobres, el Partido Republicano tiene la oportunidad de cambiar el statu quo.

Y hace falta cambiar el statu quo.

Según la Oficina del Censo, en 2015, más de 43 millones de residentes en Estados Unidos eran prisioneros de la pobreza. El dato es moralmente demoledor. Han pasado 52 años desde que el presidente Lyndon Johnson declarase la guerra contra la pobreza. Desde entonces, se han gastado más de $23 billones para librar esa guerra. Por decirlo de manera sencilla, hemos gastado un montón de dinero y hemos obtenido muy poco a cambio.

Evidentemente, todavía no sabemos cómo será la versión final de una posible legislación reformista. El presidente Trump y el vocero Ryan tienen desacuerdos en muchos temas y éste podría ser uno de ellos. No obstante, una idea debe emanar de cualquier proyecto de ley que llegue a la mesa de Trump: la asistencia social depende del trabajo.

¿Por qué es tan importante el trabajo para una reforma eficaz de la asistencia social?

Aquí tiene unas cuantas razones.

En primer lugar, el trabajo es el único medio duradero a través del cual el individuo puede encontrar la autosuficiencia. Si aceptamos que los programas de asistencia social existen para dar respaldo a las necesidades y aspiraciones personales, entonces el empleo es fundamental, pues es el trabajo lo que nos da un lugar en la sociedad. Ya se sea empresario o conserje, enfermero o chef, el trabajo legal supone un empeño moral: respalda nuestros intereses (vivir bien en busca de la felicidad) y los de nuestros conciudadanos (ofrecer servicios beneficiosos). Pero el trabajo también sirve a otro propósito. La justicia. Al fin y al cabo, la financiación de la asistencia social no surge de la nada. Procede del compromiso con el trabajo de los contribuyentes. Y éstos tienen derecho a esperar que su dinero se gaste de forma adecuada.

Dicho esto, las pruebas de cómo el trabajo ayuda a reducir la pobreza son claras. El siguiente gráfico muestra la espectacular disminución de los pagos relativos a la asistencia social que se produjo con la reforma de 1996.

Chart 1

Fuente: Fundación Heritage

Pero eso es sólo una parte de la historia. A día de hoy, afrontamos nuevos retos. Y es de destacar, como ha mostrado el Instituto Manhattan, que nuestro actual sistema de asistencia social fomenta la inactividad económica.

Chart 2

Fuente: Instituto Manhattan

A medida que los programas de asistencia social se han ido haciendo más generosos, más numerosos y menos dependientes de la actividad del beneficiario final, son más las personas que han optado por la asistencia social en detrimento del trabajo. Esa decisión da pie a dos problemas sociales de mayor envergadura. El primero y más obvio, incrementa el gasto en asistencia social y la deuda nacional. El segundo, fomenta la creencia entre los beneficiarios de la asistencia social de que lo mejor para sus intereses es no trabajar. Y eso no es cierto. Hay ciertos rasgos de intolerancia en permitir que una persona crea que no vale más que una limosna, cuando la innovación americana nos enseña que el potencial humano no tiene límites.

Para abordar estos problemas, la primera prioridad son las inversiones locales específicas. Aquí destacan inmediatamente tres aspectos. Primeramente, deberíamos promover una reforma del transporte público que ofrezca a los trabajadores peor pagados transportes de cercanías fiables, asequibles y eficientes. Si quienes dependen de la asistencia social saben que no pueden desplazarse fácilmente para ir a trabajar, aún tendrán menos razones para hacerlo.

En segundo lugar, debemos dar prioridad a las reformas de las escuelas con un bajo desempeño. El gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, es un buen ejemplo en este caso. Está actuando en contra del statu quo por el cual miles de estudiantes procedentes de familias pobres han recibido siempre una educación de escasa calidad.

En tercer lugar, al igual que los conservadores británicos, debemos facilitar la propiedad de la vivienda. Desde Chicago a Milwaukee, y en los centros de las ciudades de todo el país, los vínculos entre una mala vivienda, pobreza y muerte son evidentes. Pero si permitimos que más personas tengan una mayor participación en sus comunidades, fomentaremos que lleven a cabo reformas a nivel local. Estas soluciones locales suelen tener éxito ya que surgen de quienes mejor conocen sus problemas.

Cuando se traspasa el poder del gobierno federal a los niveles estatal y local, se consiguen importantes logros, como lo demuestran tres estados gobernados por los republicanos.

A medida que los programas de asistencia social se han ido haciendo más generosos, más numerosos y menos dependientes de la actividad del beneficiario final, son más las personas que han optado por la asistencia social en detrimento del trabajo

Un ejemplo es el programa de seguros médicos HIP 2.0 de Indiana. Desarrollado por el gobernador y vicepresidente electo Mike Pence (R-IN), HIP 2.0 ofrece atención médica subvencionada a los habitantes pobres de Indiana. Alternativa al sistema federal de Medicaid, HIP 2.0 cuenta con compromisos adicionales. Los beneficiarios pueden hacer pequeñas contribuciones para primas médicas a fin de recibir mejores beneficios. Además, fomenta la participación en los programas de formación laboral. Los resultados son evidentes. Según Pence, las costosas visitas a las salas de urgencias por parte de los inscritos en HIP 2.0 son un 42% de promedio menos numerosas que las de los inscritos en Medicaid. El programa es además muy popular entre sus adscritos. El atractivo de HIP 2.0 radica en combinar la innovación pública con la responsabilidad individual, pues hace que los usuarios controlen sus propios costos a cambio de un mejor servicio.

Otro ejemplo es el de Kansas, donde el gobernador Sam Brownback (R-KS) ha introducido fuertes requisitos que obligan a los habitantes físicamente aptos de este estado a trabajar a cambio de recibir beneficios. Kansas está desafiando la creencia de que el interés personal necesita de la dependencia pública forzosa.

Y una iniciativa similar está en curso en Maine. Aquí, el gobernador Paul LePage (R-ME) exige que los beneficiarios de los cupones para alimentos encuentren un empleo o realicen labores de voluntariado en sus comunidades. Los resultados positivos han sido inmediatos. Como informa Josh Archambault en Forbes, los participantes en el programa han visto cómo sus ingresos se han incrementado un promedio del 114%. Esa cifra contiene un mensaje de justicia social. No hay más que observar el siguiente gráfico. Supone una mayor rendición de cuentas ante los contribuyentes y, lo que es más importante, autosuficiencia y una vida mejor.

Sin embargo los republicanos también tendrán que ser claros acerca de sus prioridades.

Chart 3

Y eso se debe a que, como explica Patrick Brennan de Opportunity Lives, los resultados sociales a veces no se corresponden con las previsiones económicas a corto plazo. Reducir el gasto federal es importante, pero los republicanos deberían centrar su atención en los ahorros a largo plazo en lugar de en aquéllos a corto plazo. Sin ese planteamiento, las iniciativas contra la pobreza fracasarán. Aplicando una analogía de la Segunda Guerra Mundial, centrarse en el corto plazo sería el error que cometió el General Eisenhower a finales de 1944 en Europa. Obligado a elegir entre asignar los suministros de combustible al General Montgomery (que estaba estancado) o al General Patton (que avanzaba rápidamente), Eisenhower puso en primer plano las relaciones públicas y eligió a Montgomery. Muchos historiadores creen que esa decisión retrasó el hundimiento del régimen de Hitler.

Los republicanos deberían mostrarse firmes y optimistas. El potencial humano, como la serie Comeback de Opportunity Lives muestra, no se define por el gasto público. Por el contrario, éste tiene su raíz en el fomento de las aspiraciones personales y el respaldo de la sociedad. Con estas reformas de la asistencia social, podríamos promover ambos aspectos.

Tom Rogan es columnista de política exterior para National Review y de política doméstica para Opportunity Lives. Es investigador sénior del Instituto Steamboat. Sígalo en Twitter en: @TomRtweets.

Opportunity Lives

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