Los problemas de Obamacare están vinculados a la baja participación de los hispanos

Para comprender las dificultades de Obamacare hay que entender la realidad de que los hispanos, el grupo demográfico más joven y de más rápido crecimiento de Estados Unidos, simplemente no están interesados en la enorme reforma de la atención médica que aprobó el presidente hace más de seis años. Para los defensores de esta ley, la situación es frustrante. Y se debe a que casi inmediatamente después de que se aprobara el principal logro legislativo del presidente, la administración empezó a gastar millones de dólares en dedicarse con todas sus fuerzas a incorporar a los hispanos a los sistemas especializados de atención médica.

Parte de esa urgencia radica en que la Casa Blanca y el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) supieron desde siempre que para garantizar su solvencia era absolutamente fundamental la inscripción de personas jóvenes y sanas, a fin de compensar los costos que implica asegurar a personas mayores y enfermas. Desafortunadamente, con la noticia de que se prevé que las primas de Obamacare suban el próximo año en muchos estados, queda claro que la administración continúa teniendo problemas para lograr ese difícil objetivo.

Sin embargo, la administración no se va a rendir sin presentar batalla. Según ciertos informes, la secretaria del HHS, Sylvia Burwell, planea una gran gira por 15 ciudades y 11 estados para apuntalar el respaldo a la ley y fomentar la inscripción. Si se analiza, resulta obvio que muchas de las ciudades que va a visitar la secretaria son lugares con una gran concentración de población hispana, incluyendo San Antonio, Dallas, Chicago y Miami.

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Y si hay un estado que ilustra a la perfección los retos que está afrontando la administración a la hora de inscribir a los hispanos para contener los costos, ése es Arizona. Es probable que este estado fronterizo vea un incremento en el costo el año que viene de entre 50% y 75% en los dos planes de seguros de atención médica disponibles con el sistema especializado de Obamacare. Es justamente lo contrario al incremento de la opción y la asequibilidad que el presidente y sus seguidores prometieron que pasaría en Obamacare.

Según las cifras de la administración: Las primas no subvencionadas para una persona hipotética de 27 años que adquiera un “Plan Silver con el segundo costo más bajo” de referencia subirán un 116% en Arizona, de $196 a $422 [por mes] en Arizona.

Cifras como éstas están suponiendo un grave problema para residentes en Arizona como Louis Lucero, agente inmobiliario de 44 años y padre de dos hijos, que está preparándose para la posibilidad de tener que pagar mucho más por su prima de seguro médico el año que viene.

“Me preocupa cómo voy a pagar mi seguro médico cada mes”, cuenta Lucero a Opportunity Lives. “De por sí, ya es muy caro”.

En parte, la preocupación de Lucero se debe a que sus ingresos varían cada mes, ya que su trabajo depende en gran medida de las comisiones. Lucero indicó que como resultado de ello, le resulta complicado hacerse una idea fiable de a cuánta ayuda tiene derecho debido a que sus ingresos son bastante impredecibles.

Lucero explica que recuerda que el seguro médico era más barato antes de Obamacare y a menudo se pregunta por qué está pagando por un servicio que apenas utiliza. “Estoy sano, y en verdad, no creo que siquiera haya visitado a mi médico de atención primaria desde que me inscribí en Obamacare”, afirma.

La reticencia de Lucero a ver a su médico es lo habitual entre la mayoría de los hispanos, según Naomi López-Bauman, directora de política de atención médica del Instituto Goldwater, un centro de investigación política pro mercado en Arizona.

“Nuestra población es joven y está sana, lo que significa que no utilizamos el mismo tipo de servicios de atención médica que otros grupos” afirma ella.

“Me preocupa cómo voy a pagar mi seguro médico cada mes. De por sí, ya es muy caro”

Para López-Bauman, tiene que ver con la cultura tanto o más que con cualquier otro aspecto. Para exponer su punto de vista, esta experta en política pública de salud, señala lugares como México, en los que las personas a menudo se automedican o establecen una relación con su farmacéutico, en lugar de con su médico de atención primaria.

Y puesto que la atención médica es algo tan personal e individual, López-Bauman indica que está convencida de que la única manera de que la reforma de la misma pueda funcionar es haciendo que el “gobierno federal devuelva a los estados la autoridad en la materia… de otra forma no vamos a ver una vuelta a la normalidad”.

Normalidad es lo que anhela Mike Alameda, director ejecutivo de Corazón Ministries, una organización religiosa urbana de Tucson: “Obamacare nos ha perjudicado muchísimo como organización religiosa. Estamos pagando más dinero y recibiendo mucho menos… es un caos” Alameda dijo a Opportunity Lives.

Para que la ley funcione, sus defensores tendrán que encontrar un modo de impulsar la inscripción de los hispanos, algo que tiene frustrada a la administración Obama. Por ello, quienes defienden esta legislación tienen puestas sus esperanzas en que Clinton llegue a la Casa Blanca y cumpla con lo que el presidente Barack Obama lleva prometiendo desde hace años.

Puede que los latinos tengan la llave.

Israel Ortega es columnista sénior de Opportunity Lives. Puede seguirlo en Twitter@IzzyOrtega.

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