La muerte de Castro expone los males del comunismo

Para comprender por qué una muchedumbre de jubilosos manifestantes se lanzó a las calles para celebrar la muerte del dictador cubano Fidel Castro, hay que comprender la inmoralidad del comunismo, un sistema que ha dejado pobreza, miseria y represión a su paso. Esa alegría no era sino la celebración de la libertad sobre la tiranía.

Para muchos también era algo personal. Entre quienes celebraban la muerte de Castro se encontraban los hijos y nietos de los torturados, encarcelados y golpeados por expresarse contra el régimen de Castro.

Desafortunadamente, el fallecimiento de Castro no significa que la historia haya acabado. Aunque la muerte de Castro ofrece una renovada esperanza, hay pocas posibilidades de que las cosas mejoren para los millones de personas que consideran a Cuba como su hogar, puesto que el liderazgo político sobre la isla se mantiene intacto.

Éste es un hecho que se pasa por alto en los panegíricos de los dignatarios y jefes de Estado que homenajean la vida del hombre que gobernó la isla de Cuba con puño de hierro. Lejos de los pedestales de los palacios presidenciales de Ottawa y del resto del mundo, el pueblo cubano sigue padeciendo. Una realidad que venimos conociendo desde tiempo, especialmente tras la caída de la Unión Soviética, que mantuvo a flote esta isla comunista hasta su desaparición.

Se debe tener en cuenta que la gran mayoría de los cubanos vive con un sueldo de cerca de $20 mensuales. El suministro de alimentos básicos está limitado, lo que ayuda a explicar por qué la ingesta calórica ha disminuido dramáticamente en Cuba entre 1989 y 1995, y por qué Oxfam ha informado de que los cubanos han perdido un promedio de nueve kilos en ese mismo periodo.

Aunque la muerte de Castro ofrece una renovada esperanza, hay pocas posibilidades de que las cosas mejoren para los millones de personas que consideran a Cuba como su hogar, puesto que el liderazgo político sobre la isla se mantiene intacto.

Escasez de alimentos, hambre, pobreza y miseria, una absoluta tragedia, qué duda cabe, pero hay algo más profundo y que ha estado sucediendo en Cuba desde que el régimen de Castro se instaló hace más de medio siglo: el pueblo cubano ha sido despojado de su capacidad de soñar y vivir su vida como mejor estime. La oportunidad ha estado aplastada durante generaciones.

Abundan los ejemplos, pero hay uno que destaca, y es que a pesar de disponer de algunas de las tierras más fértiles del Caribe, Cuba produce muy poco. Se trata de una injusticia de dimensiones inimaginables, considerando que Cuba ha dado al mundo el mejor ron, el mejor tabaco y el mejor azúcar.

Actualmente, en torno a la mitad de las tierras de cultivo cubanas están sin aprovechar, mientras que el gobierno comunista gasta alrededor de $2,000 millones en la importación de arroz, carne, grano y otros suministros alimentarios. Las súplicas de los agricultores locales para producir más a nivel nacional caen en saco roto. Y es probable que la muerte de Castro haga poco por cambiar esta retrógrada e innecesaria política.

Como acertadamente ha observado el presidente del Instituto Empresarial Americano (AEI),  Arthur Brooks, el trabajo guarda el secreto de la dignidad. Y en la Cuba comunista, la dignidad ha desaparecido de la vida de gran parte de un pueblo que lucha por llegar a fin de mes y que es incapaz de obtener la aprobación pública para abrir una empresa o dirigir una granja.

Por último, la historia de Cuba es también la de lo que pudo haber sido: ¿qué avances en la tecnología, el comercio y las artes podría haber alcanzado el pueblo cubano libre del despotismo y la tiranía? Ése es el útil ejercicio mental que nos invita a hacer el novelista Joel Hirst en una reciente entrada de su blog:

Olvídese de los gulags, los campos de concentración y los pelotones de fusilamiento… No, el aspecto más importante de esta tragedia no es lo que ha sucedido, sino lo que no ha sucedido. Las novelas que no se han escrito, historias de playas, montañas, libertad y pérdida; las bellas imágenes que no han llegado a existir, que a su vez no han inspirado un mayor amor… Ninguna de estas cosas se ha imaginado, durante seis generaciones, en Cuba.

Para nosotros, la historia no escrita de Cuba es la más triste de todas.

La muerte de Castro ofrece un aplazamiento temporal de la injusticia, la inmoralidad y la crueldad de un sistema político y económico fallido, pero que se mantiene. Y hasta que no se produzca una gran indignación moral en el mundo desarrollado y libre, será difícil ver cómo el pueblo cubano puede realmente escapar de un régimen que ha puesto de rodillas a un país otrora fuerte y orgulloso.

Israel Ortega es columnista sénior de Opportunity Lives. Puede seguirlo en Twitter:  @IzzyOrtega.

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