Informe PISA: La clave es reformar el sistema educativo, no gastar más

Ya están disponibles los resultados de unas de las más importantes clasificaciones educativas, y los puntajes de Estados Unidos no son buenos.

El Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA) es una prueba realizada cada tres años por más de 500,000 estudiantes de 15 años de 72 países y que tiene el objetivo de medir qué puesto ocupa el sistema educativo de cada país a nivel global. Los estudiantes trabajan durante dos horas en problemas relacionados con “ciencias, matemáticas, lectura, resolución colaborativa de problemas y alfabetización financiera”, y sus puntajes se analizan para determinar en qué falla la educación de cada país.

De los 35 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Estados Unidos ocupa una posición intermedia, con un desempeño parejo al promedio de la OCDE en ciencias y lectura y por debajo de ese promedio en matemáticas.

Uno de cada cinco estudiantes de 15 años de Estados Unidos obtuvo una calificación de “bajo desempeño” en ciencias, el doble que en países que ocupan los puestos más altos de la clasificación, como Hong Kong, Singapur y Japón.

Aunque Estados Unidos ha realizado mejoras encaminadas a acortar la brecha educativa de los estudiantes de entornos desfavorecidos, en general, el desempeño de los estudiantes de Estados Unidos va claramente a la zaga.

Según el informe, Alemania y Hong Kong son buenos modelos de los que Estados Unidos debería aprender, ya que los estudiantes de estos países tan diferentes y parecidos a la vez han logrado siempre puntajes más elevados en el PISA.

Economist Graph - PISA Score Trends

El informe sugiere varias posibles soluciones, incluidas la mejora del estilo de enseñanza y la ampliación de las horas lectivas.

“El modo de enseñar ciencia de los profesores está mucho más relacionado con el desempeño científico y las expectativas de los estudiantes de trabajar en empleos relacionados con ese ámbito que con los recursos materiales y humanos de los departamentos de ciencias, incluidas las calificaciones de los profesores o los tipos de actividades científicas extracurriculares ofrecidas a los estudiantes”, indica el informe.

Aunque un mayor gasto en educación se corresponde generalmente con unos puntajes mayores, este efecto se reduce de manera considerable superado cierto nivel. “Por ejemplo, Estonia, que gasta alrededor de 66,000 dólares por estudiante, y Taiwán, que gasta en torno a 46,000 dólares por estudiante, tienen un desempeño superior a Austria, Luxemburgo, Noruega y Suiza, a pesar de que todos estos países gastan más del doble de esa cantidad (más de 132,000 dólares por estudiante)”.

The Economist refleja perfectamente este aspecto en el siguiente gráfico. En el caso de los países que gastan menos de $50,000 (paridad de poder adquisitivo en dólares de 2013) por estudiante, incrementar el gasto educativo puede suponer una diferencia sustancial. Superados los $50,000, sin embargo, el efecto es apenas perceptible. Ya gasten los países $50,000 (Rusia) o cerca de $200,000 (Luxemburgo), los puntajes de la prueba no tienen una clara correlación con el gasto una vez superado el umbral de los $50,000.

Economist Graph - Education spending isn't the solution

Lo cual resulta especialmente relevante en Estados Unidos, donde la respuesta habitual de la izquierda a la reforma de la educación es la de exigir más financiación para las escuelas públicas. Sin embargo, el gasto educativo ajustado a la inflación casi se ha cuadruplicado en los últimos 40 años, mientras que los puntajes en la prueba se han mantenido sin cambios (o incluso han descendido ligeramente).

Entonces, si gastar más dinero no funciona, ¿deberíamos intentar algo distinto? Ése es el punto de vista de Betsy DeVos, la recién nombrada secretaria de Educación por el presidente electo Trump. DeVos es una figura controvertida en los círculos educativos debido a su inquebrantable respaldo a las escuelas chárter, que no tienen miedo de experimentar con nuevos estilos de enseñanza, nuevas estructuras de gobierno y nuevas políticas escolares.

Las pruebas demuestran que necesitamos innovar en educación. El modelo actual no funciona. Y a pesar de que algunas escuelas chárter han tenido un éxito arrollador en su intento de instaurar nuevos enfoques de la enseñanza y la organización escolar, a menudo se ven bloqueadas por los gobiernos estatales, que tienen que hacer frente a una enorme presión por parte de los sindicatos de profesores. A los políticos les gusta afirmar que bloquean las escuelas chárter con el objetivo de ayudar a los estudiantes procedentes de entornos con bajos ingresos o desfavorecidos. Y sin embargo, son esos estudiantes los que más interesados están en acceder a las chárter.

Numerosos estudios han mostrado que las escuelas chárter tienen un gran impacto en la reducción de la brecha de resultados académicos debida a cuestiones raciales o socioeconómicas. “Las escuelas chárter son controvertidas. Pero ¿son buenas para la educación? Una investigación rigurosa sugiere que la respuestas es sí para un importante grupo demográfico: los estudiantes no blancos de zonas urbanas con bajos ingresos”, explicó al New York Times la profesora de magisterio Susan Dynarski.

La doble tendencia a incrementar el gasto educativo y al estancamiento en la mediocridad de los puntajes de esta prueba deberían indicarnos que la forma actual de hacer las cosas no es lo suficientemente buena. Es el momento de darles una oportunidad a las chárter y dejar que el poder del pensamiento innovador les dé una oportunidad a los estudiantes que más la necesitan.

Daniel Huizinga es columnista de Opportunity Lives especializado en negocios y política. Sígalo en Twitter: @HuizingaDaniel.

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