El largo camino para la igualdad educativa de los hispanos

Aunque la mayoría de nosotros estamos familiarizados con la emblemática decisión de la Corte Suprema en el caso de Brown contra la Junta de Educación, la sentencia de 1954 que puso fin de manera formal a la escolarización “separada pero igual”, y que dio inicio a la larga lucha para cerrar la brecha en los logros académicos entre blancos y negros en Estados Unidos, pocos habrán oído acerca de las importantes contribuciones de los hispanos a la lucha contra la segregación. Una nueva investigación del Instituto Empresarial Americano (AEI), un centro de investigación de política pública, aofrece una valiosa apreciación sobre cómo la población hispana ha desempeñado un papel fundamental en la lucha por la igualdad educativa en nuestro país.

Es una parte poco conocida de nuestra historia, a menudo ensombrecida por los grandes eventos del Movimiento por los Derechos Civiles de los años 50 y 60. Pero la realidad es que los padres hispanos estuvieron implicados en la desobediencia civil años antes del boicot de Montgomery en al autobús, de la marcha hacia Selma, Alabama, o del inmortal discurso “Tengo un sueño” de Martin Luther King Jr. en Washington.

Como los académicos Gerard Robinson and Elizabeth English documentan,

los padres del sur de California estuvieron batallando contra las injusticias educativas ya desde 1931, cuando los padres mexicanos de Lemon Grove rechazaron permitir que se segregara a 75 de sus hijos respecto a los estudiantes de raza blanca y que los colocaran en un edificio de madera de la escuela llamado “La caballeriza”. Los padres se movilizaron y boicotearon la escuela antes de presentar finalmente una demanda. Al final, un juez de la Corte Superior del Condado de San Diego dictaminó a favor de las familias mexicano-americanas con estas palabras:

“Entiendo que puedan separar a unos cuantos niños que para mejorar su educación necesiten una instrucción especial. Pero separar a todos los mexicanos en un grupo sólo se puede hacer infringiendo las leyes del estado de California”.

Esta sentencia favorable tuvo poco recorrido, pues la segregación se hizo políticamente aceptable de nuevo durante la Segunda Guerra Mundial. Pero también en este caso, podemos ver que los padres hispanos rehusaron aceptar esa nueva norma.

“Cuando a los hijos de Gonzalo Méndez se les denegó en 1943 la admisión en una escuela pública del Condado de Orange, él y otros padres mexicanos presentaron la primera demanda federal de Estados Unidos que denunciaba la segregación en una escuela pública de primaria” según cuentan Robinson and English.

De forma muy parecida a lo que ocurrió con la demanda de San Diego de 1931, un juez federal dictaminó finalmente en favor de Méndez, acordando que “las políticas de segregación escolar violaban la Decimocuarta Enmienda”, que abarca los derechos de la ciudadanía y la igual protección ante la ley.

Esta lección de historia es importante ya que, aunque afortunadamente ya no vivimos bajo la segregación, siguen existiendo grandes disparidades en nuestro sistema educativo. Muchas familias hispanas (especialmente aquéllas que viven en comunidades con escasos servicios) se ven confinadas en su escuela pública local y tienen pocas opciones de acudir a otras. Muchas de estas escuelas públicas están plagadas de profesores ineficaces, delincuencia y violencia, todo lo cual va en contra del fomento de un entorno que favorezca el aprendizaje.

Afortunadamente, las escuelas chárter públicas están ofreciendo a las familias hispanas un salvavidas frente al deterioro de las escuelas públicas. Durante más de un cuarto de siglo, las escuelas chárter públicas han funcionado con mayor libertad y autonomía que las escuelas públicas tradicionales, a cambio de unos mayores estándares de rendición de cuentas.

A medida que las escuelas chárter han ido creciendo en popularidad y demostrando su valor añadido, los padres hispanos han expresado de forma clamorosa su deseo de un mayor acceso a estas escuelas de tan magnífico desempeño. Es por ello por lo que en un reciente estudio, el 84% de los padres hispanos indicó que estaba a favor o muy a favor de dejar que los padres eligiesen al menos a qué escuela pública acuden sus hijos.

Por desgracia, grupos con poderosos intereses están decididos a limitar la expansión de las escuelas chárter, incluidos los de las comunidades con grandes poblaciones hispanas. Una injusticia moderna que se suele pasar por alto a pesar de los años de avances en el aumento de la igualdad educativa para todos.

Los hispanoamericanos deberían echar la vista atrás hacia su historia de lucha contra la segregación y las políticas educativas injustas, y buscar en ella una fuente de inspiración para hacer frente a todos aquéllos que se oponen a la expansión de las opciones educativas, lo que incluye el permitir que las familias hispanas puedan enviar a sus hijos a las escuelas chárter públicas con un mejor desempeño.

La lucha por la igualdad educativa sigue adelante.

Israel Ortega es columnista sénior de Opportunity Lives. Puede seguirlo en: @IzzyOrtega

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