El informe sobre la pobreza de Time es un paso en la dirección correcta, pero le faltan varias cosas

La semana pasada, un grupo de directores ejecutivos de Fortune 500, investigadores, líderes religiosos y laborales, así como filántropos, se reunieron en Roma y el Vaticano. Inspirados por los llamamientos del papa Francisco al empoderamiento del ser humano, los allí reunidos emitieron un informe antipobreza: “El desafío del siglo XXI: Forjar un nuevo acuerdo social”.

El informe merece un estudio en profundidad por nuestra parte. En 2016, las iniciativas antipobreza suponen una importante preocupación para intelectuales tanto conservadores como progresistas.

El mundo nunca ha sido más rico ni ha estado tecnológicamente tan avanzado, pero incluso en Estados Unidos, la más rica de las naciones, demasiadas personas carecen de un hogar, se encuentran prisioneros del socialismo o se ven atrapados en un empleo mal pagado de manera perpetua.

El primer tema que trata el informe es la inclusión financiera en las economías en vías de desarrollo. Los delegados hacen aquí importantes recomendaciones. Entre otras se incluyen el uso de sistemas de seguimiento de los pagos económicos (como aplicaciones para teléfonos celulares) y una financiación capitalista a nivel local para desalentar el traslado de capitales a países más ricos.

Sin embargo estas sugerencias se ven debilitadas por la ingenuidad del informe a la hora de promocionar sus ideas. Al fin y al cabo, hasta que los gobiernos de los países en vías de desarrollo no respondan por sus prácticas corruptas, las poblaciones a las que sirven continuarán sufriendo. El informe debería haber pedido medidas severas sobre aquellas inversiones que no se puedan verificar, así como sanciones internacionales contra los líderes corruptos.

El segundo tema es la innovación energética y la protección del medio ambiente. Se trata de la sección más débil. Dos de las tres propuestas implican respaldar el acuerdo de París sobre el cambio climático y un impulso a “fomentar la política de precios del carbón”. Está equivocado. Sean cuales sean los logros del acuerdo de París (o su falta de los mismos), elevar los costos de la producción de la energía incrementa los costos del consumidor final. Como Opportunity Lives ha demostrado, ha mostrado, eso empobrece aún más a las personas pobres.

Hasta que los gobiernos de los países en vías de desarrollo no respondan por sus prácticas corruptas, las poblaciones a las que sirven continuarán sufriendo.

Éste es un aspecto muy importante en el que los conservadores deben contraatacar a los progresistas. Desde Dakota del Sur a Sudáfrica, las políticas energéticas positivas ofrecen un potencial extraordinario de empleos sostenibles bien remunerados junto con unos costos de la energía más bajos. La protección del medio ambiente es importante, pero la prioridad deberían ser los océanos.

El siguiente tema es el del empleo, la innovación y la tecnología. Esta parte del informe es algo básica. Aunque solicita cambios fiscales para incentivar las inversiones a largo plazo, y pide acertadamente actuar para mejorar la formación de las capacidades, pasa por alto la dura realidad. Por ejemplo, el hecho de que la reforma de los impuestos sobre sociedades es la mejor forma de impulsar la contratación, la inversión y la eficacia de los flujos de capital.

Aunque el informe vuelve a ocuparse del empleo en una sección posterior titulada “Empleos para todos”, ese capítulo es exactamente tan débil con el de la protección del medio ambiente. Admite una crisis global debida al desempleo juvenil, pero emplea una ideología de izquierda, pues el informe reincide en la iniciativa de legislar sobre el salario mínimo. Esas leyes parecen buenas sobre el papel, pero perjudican a los trabajadores más jóvenes y a los menos calificados, precisamente las personas que más oportunidades necesitan.

Aparte de estas decepciones, la sección de salud global del informe es impresionante.

Al proponer formar a 750,000 trabajadores médicos comunitarios en los países más pobres, este grupo reconoce la necesidad de soluciones sostenibles y de bajo costo. Y a diferencia de demasiados informes sobre la salud, éste no se deja llevar por el entusiasmo. Su apartado final se centra en mejorar las instalaciones sanitarias básicas. Aunque esto es algo que damos por sentado, muchos problemas de salud pública de los países en vías de desarrollo surgen de no poder mitigar las enfermedades relacionadas con la higiene. Como ha argumentado Opportunity Lives, éste es un aspecto en el que la inversión de Estados Unidos (y Occidente) se amortiza con creces.

El grupo reconoce también la necesidad de mejorar el acceso a la comida, y lograr un suministro sostenible de agua limpia. Pero las propuestas para llevarlo a cabo son decepcionantes. El informe afirma que “Las empresas también ayudarán a los agricultores a adaptar sus prácticas al cambio climático y serán más resistentes gracias a los sistemas de control forestal, las nuevas tecnologías de irrigación, etc”. Ese “etc.” sugiere un grave déficit.

En cambio, respecto a la comida y el agua, el grupo de trabajo debería haber adoptado la estrategia de la USAID (el departamento de desarrollo del gobierno de Estados Unidos). La USAID utiliza distintas mediciones para realizar inversiones por objetivos. Y prioriza el desarrollo de las infraestructuras y la liberalización del mercado. Las infraestructuras deficientes cuestan vidas y dinero. Solucionar ese problema es vital.

Afortunadamente, el informe acaba bien. Al resaltar las brechas en educación y capacidades a nivel global, pide una acción correctiva inmediata. El primer impulso sería ampliar el aprendizaje de por vida y el acceso de la mujer a la educación. Ambas ideas darían beneficios más allá de una mayor movilidad económica. Un incremento de las oportunidades educativas de las mujeres, por ejemplo, sería un desafío para el extremismo islamista.

En definitiva, los delegados merecen nuestro reconocimiento. Reunirse con el papa y visitar Roma eran un incentivo obvio para su trabajo, pero los que participaron no tenían la obligación evaluar estos retos. Dicho eso, este informe explica además por qué los conservadores deben analizar las plataformas antipobreza.

Durante demasiado tiempo, la izquierda ha dominado este importante debate moral, económico y social. Y durante demasiado tiempo, muchas de sus ideas han acabado siendo decepcionantes. Al ofrecer nuestras propias ideas, deberíamos tratar de hacer las cosas mucho mejor.

Tom Rogan es columnista de política exterior para National Review y de política doméstica para Opportunity Lives. Es investigador sénior del Instituto Steamboat. Sígalo en Twitter: @TomRtweets. Su página web es http://www.tomroganthinks.com.

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