La política de los demócratas sigue perjudicando a la pequeña empresa en estados azules

Según la Administración de Pequeñas Empresas (SBA), el 99.7% de los empleadores de Estados Unidos, el 64% de los nuevos empleos netos del sector privado, el 49.2% del empleo del sector privado y el 98% de las empresas exportadoras de productos son pequeñas empresas.

¿Qué conclusión podemos extraer de esos datos?

Que las pequeñas empresas son cruciales para la economía de Estados Unidos. En consecuencia, podría pensarse que las pequeñas empresas reciben un respaldo político generalizado, es decir, que asegurar el mejor futuro posible para las pequeñas empresas es una prioridad de ambos partidos.

Pues pensémoslo de nuevo. Todo lo que hablan los demócratas acerca de los pequeños empresarios es puro cuento, porque en lo que verdaderamente importa (la legislación y las regulaciones) nunca entran en materia. De los 10 estados con impuestos sobre sociedades más bajos, según Tax Foundation, solamente dos tienen gobernadores del Partido Demócrata. Y aunque Tax Foundation es una organización de tendencia derechista, su evaluación aclara cuál es la realidad nacional.

Véase el caso de algunos estados:

California. En una ironía semántica, el Estado Dorado es uno de los lugares con impuestos más altos de todo el país. Los californianos que ganan entre $51,531 y $263,222 deben pagar un tipo impositivo marginal sobre los ingresos del 9.3%. Los que poseen una empresa deben pagar un tipo del 8.84%.

Debido a que muchos pequeños empresarios obtienen ingresos con su compañía según los códigos tributarios, las opciones son impuestos altos o impuestos aún más altos. Las consecuencias son evidentes. Los punitivos tipos impositivos de California están convenciendo cada vez a más californianos a mudarse a Texas.

Y lo mismo se puede decir en el caso de Illinois. Las empresas están huyendo de este estado y dirigiéndose a territorios con impuestos más bajos, como Indiana. Según el Illinois Policy Institute, entre enero y septiembre de 2015, Indiana creó 18 veces más empleo que Illinois. Como respuesta, el gobernador de Illinois, el republicano Bruce Rauner, está impulsando reformas que hagan que su estado sea más atractivo (o al menos que atenúen su falta de atractivo) para las empresas. Pero los demócratas no lo están respaldando. En cambio, están exigiendo subidas de impuestos sin hacer reformas. Los líderes empresariales se están percatando de ello. Y se están yendo del estado. Por primera vez en su historia, el año pasado el balance neto de población de Illinois tuvo un saldo negativo de más de 100,000 personas. Ése es el comienzo de una espiral de muerte fiscal.

In this Wednesday, Nov. 16, 2016 photo, Illinois Gov. Bruce Rauner speaks to reporters after meeting with legislative leaders during veto session in Springfield, Ill. Rauner says he'll meet with legislative leaders to negotiate a budget deal, and he's willing to include money he vetoed for Chicago Public Schools if it's part of a "comprehensive package." (AP Photo/Seth Perlman)

El gobernador republicano de Illinois, Bruce Rauner, arriba, ha presionado por políticas fiscales más responsables en su estado, para la ira de la legislatura dominada por los demócratas. | Foto: AP

Maryland supone un perfecto contrapunto a Illinois y California. El gobernador Larry Hogan está tomando las medidas necesarias para balancear el presupuesto estatal. Pero tiene ante sí una ardua tarea. Y es que el predecesor de Hogan, Martin O’Malley, introdujo subidas de impuestos que dieron lugar a un éxodo de las personas con más ingresos. Como The Daily Caller resaltó en un estudio sobre la política fiscal de O’Malley: “Los que se mudaron a la Florida eran los habitantes más adinerados de Maryland, con un promedio de ingresos de $118,900”.

Estamos ante una teoría económica básica. Las personas o empresas más ricas son las que tienen más posibilidades de reubicar su capital. Y si se las presiona, lo harán. Resulta llamativo que la Administración de Pequeñas Empresas del presidente Obama no compare los sistemas fiscales de los estados. Hacerlo haría hincapié en las diferencias entre los estados demócratas y republicanos. En cambio, la SBA ofrece enlaces a cada una de las páginas web de las agencias tributarias de cada estado.

Vaya y haga clic en esos enlaces. Algunos tienen una sencilla navegación, otros no tanto. En Connecticut, por ejemplo, un futuro empresario deberá navegar por largos listados de regulaciones y mandatos para obtener el privilegio de crear una empresa. Por su parte, el nuevo código tributario de Pensilvania es un campo de minas de intereses particulares e impuestos ocultos. La lectura del documento manda un claro mensaje a las empresas: Cuidado con invertir.

Vaya y haga clic en esos enlaces. Algunos tienen una sencilla navegación, otros no tanto. En Connecticut, por ejemplo, un futuro empresario deberá navegar por largos listados de regulaciones y mandatos para obtener el privilegio de crear una empresa. Por su parte, el nuevo código tributario de Pensilvania es un campo de minas de intereses particulares e impuestos ocultos. La lectura del documento manda un claro mensaje a las empresas: cuidado con invertir.

Su antipatía hacia las pequeñas empresas es uno de los motivos por los que los demócratas han sufrido sorprendentes derrotas electorales a nivel estatal. Por desgracia, no parece que vayan a someter a juicio su error.

Por el contrario, el secretario del Tesoro, Jacob Lew, pidió que allí donde hubiese unos bajos impuestos sobre sociedades, se elevasen los gravámenes. El problema, expuso, es que los bajos impuestos incentivan el que las compañías se trasladen. Lew, como muchos demócratas, piensa que la solución es asegurarse de que haya impuestos elevados en todas partes.

Sin embargo, los conservadores no deberían mostrarse complacientes. Ya hablemos de pequeñas empresas, grandes compañías, autónomos o empleados asalariados, debemos simplificar los códigos fiscales y rebajar los tipos. Debemos además entender que las empresas tienen que tomar decisiones con la vista puesta a largo plazo. Las empresas deben tener en cuenta cuál será la situación fiscal con cinco, diez o quince años de antelación. Lo cual adquiere especial relevancia dadas las recientes palabras de Donald Trump.

En última instancia, el verdadero problema es la definición de justicia social. Aunque los conservadores creemos que la justicia social exige mejorar la cohesión de las comunidades, también pensamos que la prosperidad individual (y la búsqueda de la misma) es fundamental para mejorar la vida del ser humano. Y aunque los progresistas también se preocupan de crear una sociedad mejor, demasiados esgrimen la creencia de que se deben penalizar los beneficios. No cabe duda de que ese enfoque atrae a un número reducido de personas, pero en términos electorales, los conduce al desastre.

Tom Rogan es columnista de política exterior para National Review y de política doméstica para Opportunity Lives. Es investigador sénior del Instituto Steamboat. Sígalo en Twitter: @TomRtweets.

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