Cómo el capitalismo de Estados Unidos sirve a las naciones pobres

La filosofía de derecha asume que las fuerzas del mercado distribuyen de la mejor manera posible el capital económico. Por el contrario, la filosofía de izquierda asume que la gestión pública del capital económico es la que empodera de mejor modo a la sociedad. Este debate no sólo es importante en nuestro país, ya que en la actual economía globalizada, los teóricos de izquierda afirman también que el capitalismo americano está perjudicando a los países más pobres.

Esta acusación exige una respuesta, puesto que no podría estar más lejos de la verdad. Es el momento de que la historia se cuente como es: el capitalismo americano supone una gran ayuda para los países más pobres.

Véase si no cómo las iniciativas de investigación lideradas por Estados Unidos benefician a los países más pobres. En la India, por ejemplo, un equipo conjunto indio-americano, líder a nivel mundial, está desarrollando válvulas cardíacas asequibles de gran calidad. Combinando la experiencia médica y la inversión americanas con la capacidad de los investigadores indios, el equipo proporcionará opciones asequibles para personas pobres en situación de grave necesidad. Y es más, cuando el proyecto se haya completado, los investigadores indios aprovecharán lo que han aprendido y aplicarán ese conocimiento, con un beneficio a largo plazo para su pueblo. En este caso podemos ver cómo se comparten la riqueza y el conocimiento americanos para dar un servicio duradero a nuestros propios intereses y a los de otros países.

No obstante, es en la inversión empresarial donde se comprueban los mayores beneficios del capitalismo americano. Al abrir los mercados a los consumidores de Estados Unidos, los países más pobres han podido crear grandes industrias de exportación de productos básicos. Y aunque los empleados de esas industrias no ganen mucho dinero, siempre será mejor que nada. A cambio, las familias americanas se benefician de los miles de dólares que ahorran cada año comprando estos bienes en nuestras tiendas a un precio más barato.

La inversión extranjera por parte de las empresas americanas es igualmente fundamental. Vietnam es una buena prueba de ello. Y es que según el propio Vietnam: “A 20 de abril de 2016, Vietnam tenía 806 proyectos americanos de investigación válidos, con un valor registrado superior a los $11,700 millones”. Y aunque esa cifra no destaque dentro de la inversión a nivel mundial, da indicios de una tendencia más amplia.

Un número cada vez mayor de grandes compañías de Estados Unidos de diversos sectores (incluidas Intel, Microsoft y Coca Cola) están invirtiendo en estos momentos en Vietnam. Y al hacerlo, aportan capital, empleos y riqueza. En parte, es por eso por lo que la mayoría de los ciudadanos vietnamitas son apasionadamente pro capitalistas. Han experimentado el comunismo y el capitalismo, y prefieren este último.

Los vietnamitas han experimentado el comunismo y el capitalismo, y prefieren este último

Por otro lado, existen dos ventajas únicas que la inversión empresarial americana aporta a otros países. La primera y más importante, que las empresas americanas están obligadas a cumplir con la legislación de Estados Unidos. Eso protege a los países extranjeros del tipo de corrupción que define la inversión empresarial china.

La segunda, que debido a que centran su atención en unos servicios al consumidor a un nivel superior (piense en Apple y sus iPhones) y en servicios profesionales como el desarrollo financiero y de programas informáticos, las empresas de Estados Unidos ofrecen a los países extranjeros nuevas oportunidades en cuanto a bienes y servicios, así como también en cuanto a diversificación.

Los beneficios potenciales en estos sectores con mucho mayores que en sectores como la agricultura. A ese respecto, la inversión americana pone los cimientos para un incremento a largo plazo del nivel y la calidad de vida. Con el tiempo, este desarrollo beneficia a los americanos al ofrecerles nuevos mercados para la exportación con un mayor nivel adquisitivo.

Dicho esto, no sería justo decir que la beneficencia americana es la primera motivación de las inversiones en el extranjero. En última instancia, la motivación reside en una perspectiva realista de obtener beneficios. Y en ese sentido, antes de invertir grandes sumas de dinero, las compañías de Estados Unidos necesitan tener confianza en las protecciones legales de los contratos, la estabilidad política, la política fiscal a largo plazo y la estabilidad económica general de un país. Además de sus índices de crecimiento económico sostenido, la disminución de sus índices de inflación y su joven población, las iniciativas vietnamitas para hacer más sencilla la inversión extranjera han sido bien acogidas. Los líderes del país entienden que para ayudar a su pueblo, deben elegir un rumbo diferente de discursos en contra del sector privado como el de Venezuela.

Desafortunadamente, esa misma comprensión no es compartida por todos los países. En Brasil, Rusia y Sudáfrica, la corrupción política, la mala gestión económica y los obstáculos burocráticos han disuadido la inversión de cientos de miles de millones de dólares. Y aunque la India, con su primer ministro Modi, está reduciendo los obstáculos de su burocracia, hay intereses ocultos que están haciendo que esas iniciativas sean más difíciles de lo que debieran, en perjuicio de los propios intereses de la India. Lo que queda claro es que los intereses privados necesitan confianza en que habrá un retorno de sus inversiones. Si no existe esa confianza, simplemente rehusarán invertir.

Evidentemente, no es sólo con el capitalismo con lo que Estados Unidos ayuda a los países menos ricos. En el continente africano, por ejemplo, los contribuyentes americanos están empoderando a pueblos empobrecidos con una mejora de la atención médica y de las infraestructuras. Con esas iniciativas, hemos salvado decenas de millones de vidas y mejorado las de cientos de millones de personas.

Y eso es sólo la punta del iceberg. De modo más general y en todo el mundo, innovadoras iniciativas de desarrollo americanas están invirtiendo en pro de una vida mejor y de unas sociedades más fuertes. Por todo ello, no deberíamos pasar por alto la importancia del capitalismo de cara a tener una vida mejor. Mucho más que cualquier otra teoría económica, sigue siendo el más importante mecanismo existente en el mundo para que los seres humanos disfruten de una mayor oportunidad.

Tom Rogan es columnista de política exterior para National Review y de política doméstica para Opportunity Lives. Es investigador sénior del Instituto Steamboat. Sígalo en Twitter en:  @TomRtweets.

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