Clinton promete reforma migratoria, pero, ¿puede de verdad llevarla a cabo?

La candidata demócrata a la presidencia, Hillary Clinton, y su segundo, el senador Tim Kaine (D-VA), están haciendo una importante promesa: presentarán una reforma migratoria integral sus primeros 100 días en el cargo.

En cualquier momento se trataría de un verdadero desafío, pero lo será especialmente después de unas elecciones tan contenciosas. Y entre las dificultades que se podrían añadir al cumplimiento de esta promesa se encuentra la más que probable necesidad de tener que trabajar con un Congreso dividido, que impediría una victoria aplastante del Partido Demócrata en noviembre (a pesar de pedir una opinión de la campaña de Clinton al respecto, nos hemos quedado sin respuesta de su parte).

Sin embargo, los partidarios de la reforma de la inmigración dicen que es posible, aunque son pocas las opciones. Y lo que quizás sea más importante, Clinton necesitaría llegar a un compromiso sobre una serie de escollos, incluido qué hacer con los aproximadamente 11-12 millones de inmigrantes indocumentados que viven aquí. La cuestión será inevitable, especialmente en la Cámara de Representantes, que muy probablemente seguirá bajo control republicano.

No cabe duda de que hay un respaldo cada vez mayor entre los republicanos para un proyecto de ley sobre la inmigración. Después de años de inacción a nivel federal, cada vez son más los estados que están tomando el control de las cuestiones relativas a la inmigración, poniendo las bases con ello para futuros problemas políticos. El resultado es que algunos republicanos están deseosos de tomar parte en una reforma de la inmigración, pero quizás no con el alcance que están proponiendo los demócratas.

El representante Mario Díaz-Balart (R-FL) es uno de los destacados republicanos de la Cámara que ha defendido de forma sistemática una reforma de la inmigración. Díaz-Balart representa a la comunidad de una importante minoría de su distrito del sur de la Florida y él mismo es hijo de refugiados cubanos que huyeron del comunismo poco después de que estallara la revolución en su país.

Díaz-Balart es exactamente el tipo de republicano que necesitaría Clinton si espera poder cumplir sus promesas de reforma. Desafortunadamente, Díaz-Balart se muestra escéptico respecto a que Clinton sea la persona adecuada para llevar al Congreso un proyecto de ley cargado de peligros a cada paso.

 

UNITED STATES - JUNE 24: Rep. Mario Diaz-Balart, R-Fla., leaves the Capitol Hill Club following the House Republican Conference meeting on Tuesday, June 24, 2014. (Photo By Bill Clark/CQ Roll Call) (CQ Roll Call via AP Images)

Rep. Mario Diaz-Balart (R-FL), uno de los proponentes más destacados en favor de una reforma migratoria, pero tiene sus dudas sobre si Clinton buscaría realmente alcanzar un compromiso legislativo sobre el tema si fuese presidente. | Foto: AP

“Clinton es muy buena hablando, pero a la hora de la verdad ha estado ausente en momentos cruciales y ha demostrado escaso interés en el duro trabajo de la política de inmigración”, indicó Díaz-Balart a Opportunity Lives.

A este legislador de la Florida también le preocupa que Clinton pueda estar siguiendo los pasos del presidente Obama en materia de inmigración, al prometer cooperación con los republicanos para renunciar a ella cuando no se ajuste a las especificaciones precisas defendidas por los partidarios de la inmigración.

A pesar de todo, Díaz-Balart sigue comprometido con una reforma de la inmigración y está preparado para colaborar con cualquiera, aunque reconoce que el único momento para actuar es “probablemente en el primer año”. Según el legislador republicano, después ya sería más complicado.

Entre las cuestiones más difíciles de la reforma migratoria está la de qué hacer con los millones de trabajadores indocumentados. Para algunos, un puente hacia la ciudadanía es obligatorio e innegociable. Aunque un gran número de votantes respaldan legalizar a las personas indocumentadas, los republicanos no están convencidos de que el Congreso deba trazar un camino “especial” ni acelerar los procedimientos de naturalización para los indocumentados que inmigraron a este país de manera ilegal, en perjuicio de los inmigrantes que llegaron al país legalmente.

Alfonso Aguilar, presidente de Latino Partnership for Conservative Principles, una organización que conecta a los hispanos con el movimiento conservador, también se muestra contrario a un “puente especial” para los indocumentados, incluidos los “de la Ley DREAM”, o estudiantes que fueron traídos ilegalmente a este país por sus padres cuando eran menores.

“Deberían tener un camino hacia la ciudadanía, pero tendrían que esperar en la cola hasta que estén disponibles las visas de inmigración”, comentó Aguilar.

Este enfoque difiere del de Clinton, indicó Aguilar. “Cuando Clinton pide un camino hacia la ciudadanía, eso implica saltarse la cola”.

Democratic presidential candidate Hillary Clinton talks with local politicians and immigrant activists in New York, Wednesday, April 13, 2016. The meeting of immigrants and advocates was held, in part, to announce the New York Immigrant Action Fund's endorsement of Clinton. (AP Photo/Seth Wenig)

Clinton, con activistas hispanos en abril, 2016, ha prometido una reforma migratoria durante sus primeros 100 días en el cargo. Pero tanto legisladores como activistas siguen dudosos sobre cómo sería esa reforma. | Foto: AP

Si los demócratas demuestran mayor flexibilidad en este tema,  un acuerdo es posible. Y en cuanto a los republicanos, es posible alcanzarlo al tiempo que se mantienen los principios conservadores fundamentados en el Estado de Derecho.

“Hay formas de conseguir una ley que sea responsable, humana y permanente”, explica el legislador.

Pero puede que eso no sea suficiente para convencer a algunos republicanos, incluidos los del Comité Judicial de la Cámara, que tendrán jurisdicción sobre cualquier legislación relativa a la inmigración sobre la que se debata.

Lamar Smith (R-TX) explica que las perspectivas de que la Cámara apruebe una amnistía en masa “tienen tantas probabilidades como que una administración demócrata haga cumplir la ley y deporte a los delincuentes extranjeros”.

Para Smith, el costo de legalizar a las personas indocumentadas es una importante preocupación. Las políticas de Clinton, comentó, “aumentarían aún más el número de inmigrantes ilegales que ya hay en el país. Los inmigrantes ilegales disfrutan de manera desproporcionada de beneficios locales, estatales y federales pagados por el contribuyente”.

Smith no es el único que piensa así. Donald Trump ha hecho de la inmigración el centro de su campaña, y concretamente ha pedido la eliminación de los beneficios de la asistencia social para los inmigrantes indocumentados. Una medida a la que responden los defensores de la inmigración argumentando que los inmigrantes contribuyen mucho más a la economía de lo que reciben del gobierno.

Y puesto que la opinión pública respalda cada vez más la inmigración y el trabajo de los inmigrantes, es posible que las voces antiinmigración encuentren menos apoyo para mantener la línea dura de sus posicionamientos que en años anteriores.

“Cuando Clinton pide un camino hacia la ciudadanía, eso implica saltarse la cola” – Alfonso Aguilar

Por ejemplo, una reciente encuesta de Pew Research halló que la mayoría de los americanos estaba de acuerdo con la afirmación de que los inmigrantes “fortalecen el país a través del trabajo duro y el talento”. Y lo que quizás sea más sorprendente, el 72% de los encuestados estuvo de acuerdo con que “los inmigrantes indocumentados que reúnan ciertos requisitos deberían tener una forma de permanecer legalmente”.

Si Clinton es capaz de capitalizar este respaldo de la opinión pública general, tendría éxito donde otros han fracasado, incluyendo a los presidentes Bush y Obama.

Ésa es la gran pregunta según Tamar Jacoby, presidenta y directora ejecutiva de Immigration Works USA, una organización de pequeños empresarios que abogan por una reforma de la inmigración.

“¿Tendrá Clinton un temperamento distinto y tomará decisiones distintas cuando se trate de trabajar con el Congreso?” Para Jacoby, Clinton tendría que evitar lo que hizo Obama y aprender de sus errores.

Jacoby también cuestionó la oportunidad de tratar de abordar la reforma de la inmigración inmediatamente después de las elecciones. Y, aunque ciertamente no es algo que se dé por hecho en el entorno político actual, Jacoby cree que emprender la reforma fiscal y de las infraestructuras podría crear la “confianza” necesaria entre ambos partidos antes de pasar a un asunto tan emotivo como la inmigración.

Si Clinton aborda en primer lugar la inmigración, Jacoby piensa que un mejor enfoque que lo que anteriormente se ha intentado y ha fracasado sería trabajar de forma sosegada con los republicanos de la Cámara para identificar las áreas donde exista mutuo acuerdo, en lugar de delegar la responsabilidad de redactar el proyecto de ley a un encendido progresista como el senador Chuck Schumer (D-NY), alienando de esa forma el respaldo republicano y conservador.

Jacoby está convencida de que los republicanos quieren dar su respaldo a la cuestión de la reforma de la inmigración, y “una astuta presidenta demócrata podría tener algunas opciones de conseguirlo”.

Por su parte, Gustavo Portelo, presidente de The College Republicans, no está de acuerdo. “No nos olvidemos de que ha denominado a los republicanos como su enemigo”. Si Clinton no está a la altura, “serían tres elecciones consecutivas en las que los demócratas ofrecen el oro y el moro y no cumplen”.

Israel Ortega es columnista sénior de Opportunity Lives. Puede seguirlo en: @IzzyOrtega.

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